Friday, January 13, 2006

 

ARTE DE GRECIA

INTRODUCCIÓN

La civilización egea se desarrolla primeramente en la isla de Creta. Esta civilización se expande por las islas, y la tierra firme de Grecia. Surgen así nuevos centros de cultura, sobre todo en Micenas y Tirinto, que lograrían arrebatar a los cretenses la hegemonía sobre el mundo egeo.
Poco después de la guerra de Troya, se produjo la invasión doria que destruye la civilización egea y sólo, luego de varios siglos de atraso cultural, florece la civilización griega.
La civilización egea comienza alrededor del año 3000 a. C. y termina el 1200 a. C. cuando se produce la ya citada invasión doria. Estos, que usaban instrumentos de hierro, mejor armados que los aqueos que poblaban Grecia, los vencieron en todas partes e impusieron paulatinamente sus rudas costumbres, en todo el territorio.
Los griegos, que a sí mismos se llamaban helenos, designaban con el nombre de Hélade a Grecia.
Los griegos se decían y creían ser autóctonos, en realidad procedían de Asia, eran parientes de los medos y de los persas, y, como ellos, pertenecían a la raza aria o indoeuropea. Las estatuas, los dibujos y las pinturas que adornan los vasos, los representan bastante corpulentos y musculosos, con miembros admirablemente proporcionados. La cara, rodeada en general de barba, era regular; la frente parecía estrecha a causa de una abundante cabellera generalmente rubia, unas veces corta y rizada, otras larga y en forma de espesos bucles que caían sobre los hombros. Los ojos eran grandes y brillantes, y los labios finos; por último, signo característico de los griegos, la nariz era recta y continuaba directamente la frente.
Los griegos daban el nombre de pelasgos a los primeros habitantes de su país. Estos labraban la tierra y se les atribuyó la fundación de las más antiguas poblaciones. Se relacionaron con los fenicios, dueños del comercio mediterráneo y organizadores de numerosas factorías en las costas, con los cuales aprendieron la navegación. Lanzándose a su vez por el mar, los pelasgos habían llegado a Egipto, donde se han encontrado inscripciones del tiempo de la XXª dinastía, quienes los mencionan con el nombre de Danaens o pueblos del mar.
Después de los pelasgos llegaron los helenos, que eran sin duda una tribu pelásgica. Entre los helenos se distinguían cuatro tribus principales, diferentes por los usos y por los giros del lenguaje. Estos eran los aqueos, los eolios, y después los dorios, pueblo de montañeses y rudos campesinos, y por último los jonios, pueblo de marinos y comerciantes. Los dorios dominaron en el Peloponeso y en Grecia continental; los jonios, en las costas del mar Egeo y en Grecia marítima.
Grecia no constituyó un Estado político único. Por el contrario, la civilización griega se desarrolló en un conjunto de pequeñas ciudades-Estados (polis) con gobiernos de carácter municipal e independiente. Estas polis eran de dimensiones muy reducidas, pues se limitaban a una ciudad y sus alrededores, poblados por unos miles de hombres libres, que generalmente se conocían entre sí y que vivían con sus familias y sus esclavos. Cada ciudad tenía sus propios dioses sin dejar por ello de venerar a las divinidades nacionales. En cada una de las ciudades se consideraban extranjeros a los ciudadanos de otras. De las numerosas ciudades de la Hélade varias se destacaron por su riqueza, cultura o por su poderosa organización militar y, de entre ellas, las más notables fueron Esparta, por el poder de su ejército, y Atenas, por su comercio, su actividad política en manos del pueblo y sobre todo, por el maravilloso desarrollo de su cultura.
ATENAS Y SUS MONUMENTOS

El siglo de Pericles (V a.C.) fue el del esplendor de Atenas. Consagró sumas importantes para embellecer la ciudad, generando, así, actividades para cada hombre. Se estimuló el florecimiento de las artes y dotó al país de monumentos cuyas ruinas provocan la admiración universal. En Atenas el lujo era público. Los artistas trabajaban para la ciudad y excesivamente poco para los particulares. Al salir de su modesta y aveces miserable morada, el ateniense paseaba orgullosamente la mirada por los templos, los pórticos y estatuas que representaban la gloria de su ciudad; le envanecía el convencimiento de que tanto el poder como las hermosas obras artísticas pertenecían a todos los ciudadanos.

Los persas conquistaron Atenas y arrasaron totalmente con la ciudad y la Acrópolis, lo cual ocasionó la ruina de muchos monumentos arcaicos -algunos fueron desenterrados de la acropolis y recuperados-. Gracias al impulso que dio Pericles, resurgió una ciudad nueva. Al pie del Acrópolis se levantan el Odeón y el teatro de Dionisio, el Templo de Teseo y el pórtico de Pecile, donde se conservaban las obras maestras de la pintura y representativas de los grandes acontecimientos de la historia nacional.
Una vasta escalera conducía a la roca sagrada, cuya entrada estaba decorada con el pórtico monumental de los Propileos. En la meseta se alzaba el templo de Atena, llamado Partenón, más lejos se llegaba al templo del rey Erecteo, en cuya tribuna las columnas están reemplazadas por seis estatuas de mujeres -Cariátides-, y la capilla de la Victoria Aptera. Una estatua colosal de la diosa Atena hecha de bronce dominaba el conjunto. Una multitud de estatuas se encontraban en las plazas y en las pendientes del Acrópolis.
Esta abundancia de monumentos grandiosos, creados en pocos años, permitió a los arquitectos griegos fijar las reglas de su arte. Se distinguieron tres géneros de construcción llamados órdenes, caracterizados por la disposición y proporción de los pilares o columnas y las formas de sus capiteles. Todos los monumentos están, en efecto, sostenidos o decorados con columnas. Ciertos pilares cuadrados y generalmente empotrados en la pared, se llamaban pilastras; a veces, en lugar de columnas o de pilastras había estatuas; estas se llamaban y siguen llamándose cariátides. Había tres órdenes de columnas: la dórica, la jónica, y la corintia.
En la columna dórica el fuste descansa directamente en el suelo del edificio y el capitel es sencillamente un tablero de piedra. Los principales templos de estilo dórico son el Teseyón y el Partenón.
La columna jónica reposa en un asiento llamado basa; el capitel está adornado con dos volutas en forma de cuernos de carnero, y en la parte superior o ábaco, con trelieves aovados. El Erecteión y el templo de la Victoria pertenecen a este orden.
La columna corintia, en fin, es posterior a las citadas. Su capitel, mucho más ornamentado, representa un ramillete de hojas de acanto.

Las construcciones arcaicas estaban casi totalmente incendiadas, Cimón ya había emprendido la construcción del gran templo de Atenea Parthenos. Pero la realización de su plan no pasó de los enormes cimientos y los tambores inferiores de las columnas. Muchos años después, el arquitecto Ictino -por consejo de Fidias que llevaba a cabo la dirección de todas las obras que se realizaban en la Acrópolis- comenzó una nueva planificación del templo. Ictino sólo pudo aprovechar los cimientos y el basamento. Los tambores de columna originarios pueden verse todavía hoy en los muros septentrionales.

EL PARTENON

El Partenón (477 - 432 a.C.) está situado en lo alto de la Acrópolis de Atenas. Es, quizás, el monumento más representativo de la Grecia Clásica, debido a que resume la perfección del estilo dórico. Fue mandado a construir en tiempos de Pericles, en honor a la diosa Atenea. Pericles (495 - 429 a.C.) fue dirigente político de Atenas desde 450 a. C. hasta su muerte. Bajo su gobierno, la arquitectura y escultura griegas alcanzan su culminación.
Su realización fue encargada a los arquitectos Calícrates e Ictinios bajo la supervisión artística del maestro Fidias. Los materiales utilizados, salvo la madera de las techumbres, fueron exclusivamente de mármol blanco procedente de las canteras del monte Pentélico, era el ma¬terial ideal para conseguir la perfección del detalle de sus elementos constructivos y de los relieves escultóricos de frisos y frontones.
Es un edificio rectangular, períptero y octóstilo respecto a la columnata, la cual tiene la clásica proporción de ocho columnas por frente y diecisiete en los laterales, que rodea el templo. Aloja en su interior dos estancias construidas con muros de sillería. La sala mayor, o naos, tiene una columnata interior para sujeción de la techumbre; alojaba la estatua de la diosa Atenea.
La Acrópolis era un santuario que además cumplía funciones defensivas. Dentro se encuentran algunos de los monumentos más impresionantes de la antigua Grecia. Para la arquitectura occidental representaba el paradigma de una idealizada sociedad civil.
Las columnas dóricas del exterior son de estría viva, dividida en tambores, tienen una altura de 10,43 m., el fuste de su base tiene un diámetro de 1,87 m. y en la unión con el capitel de 1,48 m., no tiene base asentándose directamente sobre el estilóbato. Los capiteles dóricos, formados por equino y ábaco, se unen al fuste por medio del collarino y sobre ellos descansa el entablamento dividido en tres secciones: arquitrabe liso, friso con triglifos y matopas, y la cornisa saliente que cierra el frontón.
El friso esculpido en alto relieve se extendía alrededor de los cuatro lados del edificio por el interior de la columnata. Es sin duda el más conservado y narra la procesión hacia la colina de la acrópolis en honor a Atenea, que se celebraba cada cuatro años en Agosto.
En el interior del templo, la cella está dividida en tres naves separadas por una doble fila de columnas superpuestas en dos pisos, formando una galería circundante estaba la estatua realizada por Fidias.
El friso de las panateneas representa las distintas fases de las fiestas de Atenea Parthenos. Estaba dividido en dos series que partían del ángulo Suroeste del templo, discurrían por los laterales y se encontraban en la fachada Este.
En la cara Oeste se escenificaban los preparativos ecuestres para la procesión panatenaica. La tira superior de la ilustración muestra parte del friso Norte, con la caballería ateniense galopando a la cola de la comitiva.


La segunda tira muestra -de derecha a izquierda- los primeros de los once aurigas apobates, precedidos de dieciseis ancianos y un grupo de músicos tocando el aulos -flauta doble- y la cítara.


En la tercera tira se ve -empezando por la derecha- al primer flautista precedido por cuatro hombres con cántaros de agua. Delante van tres metecos extranjeros que vivían en Atenas, con bandejas llenas de miel y pasteles. El conjunto está precedido por los animales del sacrificio: tres ovejas y cuatro toros.


La cuarta tira corresponde al extremo septentrional del friso Este. Un grupo de muchachas -a la derecha- lleva los fiales y vasos, una lleva un incensario. Las dos que van en la cabeza hacen entrega de una bandeja de ofrendas a uno de los maestros de ceremonias -los tres hombres vuelcos hacia ellas lo son-. Delante aparecen cinco de los diez héroes epónimos de Atenas. A la izquierda están los dioses Poseidón -el barbudo-, Apolo, Artemisa, Afrodita y Eros -de izquierda a derecha-.


En el extremo derecho de la tira, y continuando con lo anterior, se encuentran Hefesto y Atenea. A su izquierda una niña -algunos dicen que es un niño- entrega el peplode Atenea al arconte rey. Inmediatamente a la izquierda está la sacerdotisa de Atenea, Políada, recibiendo un taburete tapizado de manos de una muchacha que lo lleva sobre la cabeza. Una segunda joven porta otro taburete y un cascabel. Estas cinco figuras pertenecen a la parte central del friso Este, justo encima de la entrada al templo, el lugar de honor del friso. A partir de este punto las figuras se orientan en sentido contrario, para recibir el desfile precedente del muro Sur del templo. Las tres primeras son Zeus, Hera e Iris, la mensajera de los dioses. Las cuatro siguientes -de der. a izq.- son Ares, Deméter, posiblemente Dionisio, y Hermes. Detrás aparecen los cinco héroes epónimos.



El Partenón fue poco a poco convirtiéndose en ruinas, no solo por el paso del tiempo sin cuidados ni mantenimiento, sino también por atentados del hombre: en 1810 lord Elgin hizo arrancar los relieves del friso y las estatuas del frontis, obras maestras de Fidias, para enviarlos a Londres. En 1867 lo destruyó una explosión cuando fue utilizado como polvorín y refugio.

Atena Parthenos, es la célebre estatua de oro y marfil que Fidias esculpió para el Partenón. Tiene casco, con sus orejeras levantadas, lleva sobre su amplio chitón la égida con la cabeza de Medusa. Calza sandalias y se apoya en su escudo, detrás del cual se oculta la serpiente, encarnación del legendario rey Erecteo. En la mano derecha tiene una estatuita de la Victoria.


ESCULTURA

La escultura griega se divide en tres periodos o estilos: Estilo arcaico, Época clásica, y Época Helenística.
Estilo arcaico: (desde finales del siglo VII a. C. hasta comienzos del siglo V a. C.)
Características generales:
El hombre era el eje del arte; las esculturas eran de tamaño natural en su mayoría y algunas con tendencias hacia lo colosal. Se representa el desnudo masculino como exaltación de la belleza física, mientras que no aparece el desnudo femenino. La escultura se caracteriza por su frontalidad -figuras rígidas mirando al frente, geometrizadas-; hieratismo -predomina la majestuosidad, la rigidez-; estatismo -formas cerradas pero con tendencia progresiva hacia el naturalismo-.
Las Kuroi: representación de jóvenes atletas vencedores de juegos. Se emplea el mármol, son de grandes dimensiones policromados en los ojos y los cabellos.
Frontalismo: pide una visión desde el frente por el espectador.
Estatismo: sólo se aprecia la pierna izquierda hacia adelante para seguir el movimiento de andar, pero sin conseguir la sensación de movimiento.
Hieratismo: en las formas compactas y rígidas con los brazos pegados al cuerpo y la mirada al frente.

Representación anatómica precaria y ruda. Tórax excesivamente abombado y de una gran anchura, contrasta con el abdomen muy reducido lo cual resulta desproporcionado. La representación de la rodilla se solventa dándole forma de trapecio invertido. El perfil anterior de la pierna está representado por una arista viva.
Jóvenes con larga cabellera -típica de los jóvenes griegos- que cae sobre la espalda, el cabello tiene forma geométrica y rizado en la frente. Se aprecia una cinta en la cabeza con la que se coronaba a los atletas vencedores. En la base se colocaba el nombre del atleta.
Grandes ojos almendrados y la llamada "sonrisa arcaica" que se logra arqueando levemente los labios hacia arriba con los que se intenta transmitir expresividad y vitalidad.
El escultor ha intentado representar el cuerpo humano tal como lo ve en la realidad, lo que supone un cierto avance hacia el naturalismo, con respecto al periodo anterior.
La escultura logra transmitirnos la sensación de fortaleza y plenitud física del joven triunfador.
Las Korai son mujeres vestidas esculpidas en bloques de mármol de grandes dimensiones. tienen largos cabellos. Características: frontalismo, hieratismo, estatismo, representación precaria y ruda. Grandes ojos almendrados y sonrisa arcaica.

Epoca clásica: (desde el siglo V a.C. hasta fines del siglo IV a.C.) Las estatuas eran de mármol, de bronce, y hubo algunas que eran de oro y marfil. En la actualidad se encuentran deterioradas y completamente blancas, pero en aquel entonces, las órbitas de los ojos tenían esmalte, el cuerpo se presentaba ligeras tintas color carne, y las ropas estaban realzadas con vivos colores.
La escultura tenía grandísima importancia en la ornamentación de los templos pero era además un arte independiente. Las estatuas de la época clásica se cuentan entre las más bellas que jamás se hayan hecho, y los museos conservan celosamente los restos de ellas. Fidias y sus émulos habían sabido aunar la majestad egipcia y el realismo asirio para crear un arte que ha permanecido siendo la expresión de la belleza perfecta e ideal.
Los griegos consideraban a la obra como una imagen representativa. Es una imitación. A diferencia de los egipcios el canon era concebido de forma flexible; se adapta a las necesidades de cada caso teniendo en cuanta el escorzo que se produce por la visión y la perspectiva. El artista griego tiene libertad para corregir las dimensiones según la impresión óptica del observador. Para los griegos la belleza no consiste en los elementos, sino en la proporción armoniosa entre las partes.
Al escultor griego Policleto se lo conoce como el padre de la antropometría. En el siglo V a.C. formuló el "Tratado de Proporciones" que se conoce son el nombre de Doríforo, un modelo hecho de mármol en base al canon de siete cabezas y media. Este es el célebre kanon (norma) griego.
Policleto era procedente de Argos, en el Peloponeso; su atención gira constantemente en torno de la representación del cuerpo humano desnudo: atletas y héroes. Desafortunadamente no se conocen los originales, sino copias romanas de sus obras más destacables.
Aproximadamente hacia el 420 a.C. fue realizado el Diadúmeno, llamado así por el motivo representado: un vigoroso atleta ciñe la cinta de la victoria alrededor de su cabeza. La pierna derecha soporta el peso del cuerpo; el pie izquierdo, sin carga, está retrasado y toca el suelo sólo con la eminencia tenar y las puntas de los dedos. La pierna estática se comprime enérgicamente en la cadera, mientras que el hombro correspondiente está inclinado. La cabeza, vuelta hacia la pierna de apoyo, aparece ligeramente inclinada. En contraste con dicho movimiento, se alza el hombro izquierdo, de modo que a la contracción del lado de la pierna de apoyo corresponde la distensión del lado de la pierna libre.
Esta composición rítmica constituye la ponderación clásica, que significa a la vez quietud en el movimiento y movimiento en la quietud. A través del peso y talla del cuerpo se logra la sensación de una peculiar ligereza y naturalidad.

Epoca Helenística: desde mediados del siglo III a.C. hasta cerca del 160 a.C.) Se perfila una actitud barroca cada vez más declarada, que culmina en movidas representaciones de volúmenes. A la vez surge una penetrante concepción de la realidad. Abriéndose nuevos horizontes para la representación figurativa: la naturaleza muerta y la imagen de costumbres. Se genera un arte típico de la gran ciudad, que encuentra su realización en la exaltación de los idilios del campo y en cuadros de la vida cotidiana y callejera. El mito subsiste aún, pero los antiguos dioses han perdido fuerza. Tyche, la Fortuna de los romanos, determina, como caprichosa diosa del azar, los destinos del mundo. Ganan importancia religiones mistéricas orientales, como el culto egipcio de Isis y de Osiris.
En la escultura se encuentran motivos como el del cuerpo colgado, tan corriente para nosotros desde la época cristiana.
El deseo de suntuosidad y representación de los príncipes helenísticos y de las ricas ciudades comerciales no se satisface plenamente con la edificación de templos magníficos. Se construyen grandes plazas, cerradas por galerías de varias plantas, que más tarde aparecen ya articuladas a la manera romana, mediante la superposición de los ordenes dórico y jónico. En el punto central están el altar y el templo, a los que conducen suntuosas construcciones portificadas.
En la época helenística fueron reformados antiguos santuarios, pero se hizo de tal forma que no se correspondía con el sentimiento artístico arcaico ni el clásico, e incluso constituía una aminoración del valor plástico del edificio. Una edificación de tal tipo se ha conservado en la estrecha acrópolis de Lindo en Rodas.
La forma helenística tardía (desde mediados del siglo II a.C. hasta fines del s. I a.C.) se disgrega en tres grandes tendencias, que a su vez se dividen en muchas otras, y se reflejan mutuamente. la Afrodita de Melos, conocida mundialmente como Venus de Milo, pertenece a esta época, en la cual se vuelve al estilo clásico ante una reacción clasicista proveniente de Atenas ante una marcada inseguridad estilística. Queda así debilitada la actitud barroca que finalmente termina por realizar copias de los originales clásicos hechas por esclavos.
Esta influencia de los modelos clásicos caracteriza sobre todo el arte de Atenas. Ya desde mediados del siglo II a.C., los soberanos helenísticos encargaban copias de obras clásicas. Esta actividad de reproducción marcan la pauta de los talleres neoáticos de Atenas, que más tarde van a proporcionar las formas clásicas también a Roma.

PINTURA
La pintura griega fue sobre todo un arte decorativo. La casi totalidad de las obras pictoricas ha desaparecido, lo que nos impide aquilatar sus meritos. Es sabido que los griegos muchas veces adornaban las paredes de sus casas con pinturas, procedimiento que después fue imitado en Alejandría, Pompeya y Roma.
Polignoto de Taxos fue el más ilustre pintor del siglo V a.C., protegido por Cimón, decoró el pórtico de Pecilo y pintó grandes frescos en Atenas, Delfos y Platea, cuyos temas eran de carácter mitológico e histórico. Otros pintores de este siglo fueron Mirón, amigo y colaborador de Polignoto, y Paneno, hermano del gran escultor Fidias. En el siglo IV a.C. florecieron Zeuxis de Heraclea, Parrasio de Efeso, Timante y Apeles, grandes pintores de la época helenística. Este ultimo fue el mas célebre, pintó numerosos retratos de Alejandro y de otros personajes, y se dedicó a temas mitológicos. Su obra maestra es Afrodita saliendo de las ondas, inspirada según se cree, por la famosa Friné. Un discípulo de Apeles, Perseo, aprovechó los preceptos técnicos que el maestro había dejado en una especie de tratado.
Los griegos pintaban sus obras en el revestimiento de las paredes; de lo cual se infiere que sólo conocían la pintura al fresco. Preparaban también la pintura con cera caliente o al encausto; ambos procedimientos pictóricos sirvieron principalmente para decorar los vasos y estatuitas que fabricaban en gran cantidad. Los asuntos mitológicos o familiares que pintaban en las vasijas y otros objetos de alfarería negros, rojos o blancos, nos suministran preciosos datos acerca de la civilización griega. Por lo demás, la alfarería fue un arte griego por excelencia; la elegancia de las formas y la belleza del dibujo dieron grandísimo renombre a esos vasos y estatuitas, e hicieron que esos objetos fueran uno de los principales ramos del comercio ateniense. También pintaban las esculturas, como ya se menciono con anterioridad.

OTRAS CONSTRUCCIONES
El teatro de Dionisios, en Atenas, que data del año 340 a.C., fue el prototipo de los teatros griegos. Excavado en la rocosa ladera del Acrópolis, en él se efectuaban los concursos corágicos durante las fiestas panateneas. El teatro de Epidauro está mejor conservado.

Además de la decoración escultórica es elemento de suma importancia en el templo griego, y en general en los monumentos helenos, el molduraje. Las molduras, en la construcción griega, son los recursos arquitectónicos que, ayudados por los juegos de luz y de sombra, definen las líneas salientes del edificio. El refinamiento griego se expresó por ellas en armonía con el soleado clima de Grecia; después, en Roma, las molduras tomaron formas más pronunciadas y rotundas. Las molduras griegas esenciales son las siguientes: la gola -en las que solía esculpirse adornos de palmetas y madreselvas-, la gola reversa o talón -eran esculpidas hojas acorazonadas y dardos-, la moldura con ovas, el filete -pequeña banda de perfil rectangular que separa las otras molduras cóncavas o convexas-, el astrágalo -de sección aproximadamente semicircular con frecuencia adornado de perlas o cuentas de rosario-, el caveto -simple moldura cilíndrica cóncava formada por curvas de distinto radio y en acuerdo-, el toro o astrágalo de gran sección, el pico de cuervo -moldura corriente en las obras dóricas y que origina densa sombra-, y el alero o goterón -salidizo de la cornisa que solía pintarse con grecas-.
En Grecia, además de los templos y de otros pequeños monumentos, se construían ágoras, consistían en grandes espacios de terrenos rodeados de columnatas que daban acceso a los espacios públicos. Los estadios de casi 180 m. de largo eran campos de carreras pedestres donde se celebraban los juegos y certámenes y estaban construidos a veces bordeando la falda de una colina de modo que los asientos pudieran tallarse en la misma vertiente -como en Olimpia, Tebas, y Epidauro- y otras veces en espacio llano -como en Delfos, Atenas, y Éfeso-; los hipódromos, construcciones similares -prototipo de los circos romanos- dedicadas a las carreras de caballos, y las palestras, prototipos de las termas romanas.


CONCLUSIONES
Los griegos concebían el arte como expresión de la armonía y la belleza ideal. En Grecia se formaron las grandes ideas que hoy continúan formando parte de la civilización occidental. Sus obras maestras son los modelos que han inspirado y siguen inspirando a los artistas, escritores y pensadores, incluso han influenciado las religiones. su favorable situación geográfica, su apego a la libertad y la flexibilidad cultural les permitió concentrar, elaborar y redistribuir conceptos culturales, los cuales no ocultaban como lo han hecho otras civilizaciones que procuraban guardar los conocimientos sólo para una elite reducida, en consecuencia se producían estancamientos y retrasos culturales. Los griegos en cambio, al sostener que cada hombre es libre porque cada uno hace uso de su razón, han logrado avances intelectuales útiles para toda la humanidad.
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